Pregón de las fiestas en honor al beato fray Gabriel de la Magdalena

9 Sep 2019

Pregonero: Don David Casas

Fotos: Salva Peces de S.

“Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos”. “Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere queda infecundo, pero si muere da mucho fruto”. Queridos amigos, buenas noches. Estas palabras tomadas del Evangelio según San Juan y pronunciadas hace unos 2000 años por Jesús de Nazaret ante sus discípulos, no han sido palabras que se llevará el viento, que quedaran solo escritas con tinta en los pergaminos y más tarde en los libros o que como simples expresiones utópicas se repitan en las celebraciones litúrgicas de la Iglesia. Estas palabras han sido fundamentales en la vida de muchos que siguiendo el ejemplo de vida del Maestro han sabido darlo todo y darse del todo por aquel ideal que un día les cautivo, les enamoro, les hizo negarse a sí mismos en favor de los demás.

     El hombre que nos congrega en esta noche fue uno de esos…de esos cuya vida merece la pena ser recordada, de esos que se olvidan de sí mismos, de esos que nos recuerdan que es posible otro mundo, otra sociedad…, de esos que han hecho del amor el inicio, el ideal y la meta de su existencia. Un poco lejano en el tiempo, pero muy cercano en el espacio, el más insigne de los hijos de Sonseca: Gabriel de Tarazona, el Beato Fray Gabriel de la Magdalena.

   Sr. alcalde de Sonseca, Sres. concejales y dignas autoridades civiles.

     Queridos hermanos sacerdotes de esta mi muy querida parroquia de San Juan Evangelista, D. José Carlos: que suerte tuvo Sonseca con tu nombramiento, siempre serás mi párroco y un referente sacerdotal, doy gracias a Dios por los años que te tuve cerca, D. José, D. Eduardo, joven diacono recién aterrizado entre vosotros.

    Un afectuoso saludo para Don Víctor, Don Primitivo y D. Jesús, sacerdotes hijos del pueblo y modelos para mí de entrega y fidelidad sacerdotal.                  

    Querido presidente de la Cofradía de Fray Gabriel de la Magdalena D. Miguel Ángel y queridos miembros de su Junta Directiva.

     Muy queridos sonsecanos, muy queridos amigos. Sin duda ninguna, lo mejor de este pueblo: su gente. El día que me marche os dije que os llevaría en el corazón… y en el seguís estando. 

    Hace unos meses me llegaba, por medio de su presidente, el encargo de la Cofradía de pronunciar el pregón de las fiestas en honor del Beato Fray Gabriel en este año 2019.

    Recogí el encargo con muchísima ilusión y no menos miedo. Han sido muchos los años que he estado sentado en esas sillas como mero espectador y he sido testigo de grandes pregones. ¿Quién soy yo para dirigirme a vosotros y pregonaros al más ilustre de vuestros paisanos?

     Creo que los únicos méritos que puedo atribuirme para estar aquí esta noche son dos: ser sacerdote y haber sido sacerdote de Sonseca. A la postre dichos méritos no son míos, sino que me fueron dados, es por eso por lo que agradezco inmensamente la confianza que se ha depositado en mí para pronunciar estas palabras.

    Soy sacerdote… todavía me cuesta creerlo y han pasado 13 años… pero es cierto soy sacerdote desde aquel dichoso 2 de julio del año 2006, en que por medio de la imposición de manos del Cardenal Don Antonio Cañizares fui incorporado al orden de los presbíteros. Soy sacerdote, por pura misericordia, soy sacerdote sin merecerlo ni ganarlo. No tengo ninguna virtud y sí muchas miserias (vosotros habéis tenido tiempo de conocerlas y de sufrirlas).  Sin embargo, Dios llama a los que Él quiere. ¡Esa es la grandeza! El sacerdote no es eficaz por sus cualidades, por sus dotes o sus méritos… el sacerdote es eficaz porque Dios da eficacia a lo que hace, porque es Dios quien actúa por medio de él. Mirad siempre así a los sacerdotes, no reparéis en sus defectos, en sus miserias y flaquezas. Mirad que son el frágil cacharro de barro elegido por Dios para seguir viniendo a la tierra, el instrumento, pobre instrumento que nos trae la salvación.

     Fui sacerdote en Sonseca. Recuerdo el día en el que el entonces obispo auxiliar D. Ángel Rubio, me daba el nombramiento para venir de Vicario Parroquial a Sonseca y aún recuerdo emocionado aquel 27 de agosto de 2006, cuando por primera vez subí al altar de vuestra Iglesia para ser presentado como sacerdote entre vosotros. Recuerdo que aquel día se cantó el himno al Beato Fray Gabriel y a él le encomendé especialmente la tarea pastoral que con gran ilusión comenzaba junto con mis hermanos sacerdotes D. José Talavera y D. José David Rescalvo, a los que agradezco todo lo que de ellos recibí y aprendí.

     Solo Dios sabía todo lo que había de vivir aquí, pero desde aquel momento experimente aquello que se ha dicho de otros lugares y que bien podría decirse de este pueblo: “Estás en Sonseca, eres de Sonseca”. Desde aquel día me sentí sonsecano, porque vosotros me hicisteis sentir así.

    Doy gracias infinitas a Dios que me hizo disfrutar 10 años de (por llamarlo así) una luna de miel sacerdotal. No soy de Sonseca, pero, sin duda alguna, hay mucho de sonsecano en mí.

     Pero hablemos de Gabriel de Tarazona, que es quien nos ha reunido aquí esta noche. Segunda mitad del siglo XVI, del matrimonio formado por Pedro de Tarazona e Isabel Rodríguez, nace Gabriel el segundo hijo de los cuatro que tendrá la pareja. Lo hace, siguiendo la tradición oral, en la casa que estaba situada en el número dos de la calle de los Remedios, muy cerca de la Iglesia.

      Nace por tanto Gabriel en el llamado siglo de oro español. Se ha llevado a cabo en el Concilio de Trento la Reforma Católica, mal llamada contrarreforma, que ha purificado y fortalecido a la Iglesia frente al protestantismo. España, con Felipe II a la cabeza se ha erigido en defensora de la Fe Católica y se ha convertido en el lugar donde la santidad ha brotado como la mejor respuesta de Dios en medio de tanta confusión.

     La santidad, no podría ser de otra manera. Dios suscita en el corazón de sus hijos el deseo de reformar sin destruir, de cambiar sin dividir…Los santos, los mejores hijos de la Iglesia son la respuesta de Dios a nuestras preguntas sobre el mal, sobre el dolor, sobre el egoísmo de nuestro mundo y nuestra sociedad. Mujeres y hombres que han sabido poner amor donde no había amor para obtener como resultado el amor. Mujeres y hombres que se olvidan de sí mismos para buscar el bien de todos. Aquí en este grupo, situamos a vuestro paisano Fray Gabriel y a tantos otros sonsecanos que como él, han vivido su vida de esta manera.

    Yo he sido testigo de la santidad en este pueblo, testigo de muchos que han sido fieles a la voluntad de Dios: respondiendo a lo que Él les pedía o aceptando aquello que Él permitía, testigo de muchos que han perdonado, que han rezado, que se han desvivido en favor de los demás siendo solícitos a sus necesidades, viviendo las dificultades desde la esperanza… Testigo de muchos que en nuestro mundo actual han sido respuesta de Dios. Ojalá y así siga siendo: Sonseca tierra de santos.

    Nace Gabriel en una familia cristiana. Fue bautizado, según consta en su acta de bautismo, el día 22 de octubre de 1567. Sin duda alguna, el ambiente religioso de la época le ayudarán en su formación, pero bien seguro es, que será en su casa donde aprenderá sus primeras oraciones y donde poco a poco, con el ejemplo de los suyos, ira forjando el corazón para lo que más tarde llegará. La fe recibida de sus padres, Isabel y Pedro, y compartida con sus hermanos será el motor que le empuje a entregarse, años después, a Dios y a los demás.

    La familia, en palabras de Juan Pablo II, uno de los bienes más preciosos de la humanidad y la primera comunidad llamada a anunciar el Evangelio a la persona humana en desarrollo y a conducirla a la plena madurez humana y cristiana. La familia, que como recordaba el Papa Benedicto XVI, en aquel encuentro en Valencia en el que participasteis algunos de vosotros en el año 2006, es el ámbito donde el hombre puede nacer con dignidad, crecer y desarrollarse de un modo integral, el lugar donde se aprende a amar y a ser amado. La familia, por tanto, un gran tesoro, el mayor tesoro.

    Sin ninguna duda, el ambiente vivido en el hogar de los Tarazona Rodríguez, fue caldo de cultivo para que, lo sembrado en el corazón de Gabriel, diera un fruto abundante. Cuantas veces él desde tierras lejanas, recordaría todo lo vivido en su pueblo y en su casa, cuantas veces haría memoria de los consejos de sus padres y, sobre todo, como se agarraría a la fe recibida para dar supremo testimonio de amor en el martirio.

    Durante mis años en Sonseca, fui testigo de la importancia de la familia. Empecé a estar lejos de la mía (quizá así la valoré más), descubrí una más grande aquí entre vosotros, pero sobre todo y en cada momento percibí los preciosos valores que vivíais y compartíais en vuestras familias.

    Fui testigo de vuestra generosidad, que he de decir que conmigo fue desbordante, vuestras casas estuvieron siempre abiertas para mí, compartí con vosotros muchísimos momentos de alegría en la celebración de tantos sacramentos, de tantas fiestas…me enseñasteis que siempre hay algo que celebrar y que cualquier excusa es buena para estar juntos.

     Compartí con vosotros el dolor y me enseñasteis a vivirlo con una fe que en ocasiones me sobrepasaba. Los momentos tan duros de la crisis económica que tanto golpeo a vuestras familias, la perdida de los seres queridos, las enfermedades, los problemas… nada hacía sucumbir la barca que estaba bien anclada en Dios ni cubrir de tinieblas lo que estaba iluminado por el sol. El sol de vuestra fortaleza, el sol de vuestra unidad, el sol de vuestro trabajo incasable y de vuestra lucha, el sol de vuestra esperanza y de vuestra fe. Sonseca sigue siendo incluso en los momentos más oscuros la tierra soleada de Castilla.

    Os pido que sigáis cuidando muchísimo el don tan precioso de la familia, que trasmitáis los valores que en vuestros hogares habéis recibido, que sigáis haciendo fiesta en vuestras casas y huertas con ocasión de lo que sea, que sigáis disfrutando los unos de los otros y compartiendo en familia, todo: lo bueno y lo menos bueno. No lo olvidéis: las alegrías compartidas se multiplican y los dolores se dividen.

 

    De los años de juventud de nuestro Beato no tenemos demasiadas noticias, sabemos que estudió cirugía y la ejerció y que vivió piadosamente la fe que de niño había recibido. Podemos intuir e incluso afirmar que aquel Gabriel adolescente y joven sería como cualquier muchacho de su tiempo. Un joven alegre que disfrutaría el día a día con sus amigos corriendo y jugando por las calles de Sonseca, un joven con inquietudes y desafíos, con grandes deseos de mejorar la sociedad y el mundo, un joven que se preguntaría muchas veces cuál sería su futuro y lucharía en su interior por conocer y cumplir la voluntad de Dios. Un joven, en definitiva, que no se distinguiría demasiado de aquellos que yo conocí y trate en mis años de sacerdote en Sonseca.

   He de decir que fuisteis para mí, en palabras de San Pablo: “mi gozo y mi corona”. Fuisteis el centro de mi pastoral en la parroquia. Me estrenasteis como profesor en el instituto y soportasteis con paciencia mis clases, os acompañe, junto con los catequistas, en la formación para recibir el sacramento de la confirmación y disfrute especialmente con aquellos que empezasteis a formar parte de la familia parroquial en los grupos de post-confirmación y jóvenes de la Inmaculada. Fueron muchísimas las experiencias vividas: reuniones, oraciones, Pascuas, convivencias, campamentos, peregrinaciones, la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid en el 2011… muchas las alegrías compartidas.

    Sólo Dios sabe todos los regalos que recibí a través de vosotros.  Fui testigo privilegiado de como el Señor iba poco a poco conquistando vuestros corazones rebeldes pero nobles.

    Como Fray Gabriel, algunos, descubristeis la voz de Dios que en vuestro interior os llamaba a una especial consagración y fuisteis generosos en vuestra respuesta. ¿Cómo olvidar aquellos momentos? Dani, Pablo, mis queridísimos seminaristas, corazones nobles, buenos, generosos ahora ya mis hermanos sacerdotes. Mi queridísima Hna. M.ª Paz, torbellino de alegría y alma de tantas actividades de la parroquia, carmelita descalza hasta los tuétanos, fiel hija de Santa Teresa.

    Que orgulloso debes estar Sonseca, la sangre del Beato Fray Gabriel y de tantos otros mártires de esta tierra ha sido la semilla de nuevos cristianos y de nuevas vocaciones. Son muchos las hijas e hijos de este pueblo que han entregado su vida al Señor en el sacerdocio y en la vida religiosa. Parroquias y conventos santificados por los que en este pueblo recibieron la fe. Ojalá la intercesión del Beato Fray Gabriel y vuestra oración siga despertando generosas respuestas en los corazones más jóvenes.

    Muchos otros adolescentes y jóvenes de aquellos años, habéis encontrado vuestra vocación por otros caminos, formando vuestras propias familias por medio del matrimonio y la mayoría ya estáis dando vuestros primeros pasos en el mundo laboral y sin duda ninguna seréis grandes profesionales en los distintos trabajos a los que os dediquéis.

    Inquietud, constancia, tesón, responsabilidad…y sobre todo trabajo, son las notas comunes que descubrí en la mayoría de los jóvenes de Sonseca. Jóvenes que no tenéis un corazón pequeño, encorsetado, limitado…sino todo lo contrario jóvenes que como Gabriel de la Magdalena tenéis un corazón grande, dilatado, universal y sobre todo alegre.

    Deseo de corazón que sigáis siendo así. Y de corazón os deseo lo mejor en vuestros proyectos de futuro que algunos ya vais cumpliendo.

    Podría seguir durante largo rato hablando de las andanzas de nuestro beato en las tierras de Filipinas y del Japón. Siendo fraile y médico bien seguro es, que ejerció una gran caridad sanando cuerpos y almas. Pero el hecho que le llevo a los altares, el acontecimiento que hizo posible su beatificación aquel 7 de julio de 1867 por el Papa Pio IX, fue su martirio.

    Visto por el gobernador como imposible que Fray Gabriel y sus compañeros renegaran de su fe decretó que el 3 de septiembre de 1632 se cumpliera la sentencia. Y así fue, el fuego consumió el cuerpo de los mártires, mientras el cielo se abría para recibir sus almas.

    El martirio es, sin ninguna duda, la prueba más grande del amor. Dar la vida será siempre la expresión más grande de la caridad. El mismo Hijo de Dios quiso dar ejemplo de ello, y así lo han hecho aquellos que fieles al maestro han recibido gracia tan grande.

    Los mártires, en la historia de la Iglesia son un regalo de fidelidad y de amor hasta el extremo. Frente al despliegue planificado y metódico del terror de aquellos que han querido arrancar a Dios del corazón de los hombres y de la sociedad, los mártires sabiendo bien que serían aplastados, han ofrecido cantando su sacrificio al Señor…

   Dios estaba con ellos y ellos lo sabían. ¡Su poder se reveló en la debilidad! “No tuvieron miedo… estaban seguros de que, más allá de la muerte, el Corazón de Jesús sería su única patria.” Los mártires oyeron la llamada que Cristo nos lanza en el Evangelio: “¡Confiad! ¡Soy yo, no temáis!” Cuando rugía la tempestad, cuando la barca hacía aguas por todas partes, no tuvieron miedo…

    Hoy, más que nunca, ¡los cristianos necesitamos ese ejemplo! ¡Como ellos, tenemos que abandonar nuestros intereses humanos, para buscar los de Dios!

    ¿Seremos capaces de levantar hoy la voz por Dios? ¿Quién se enfrentará a los modernos perseguidores de la iglesia? ¿Quién tendrá el coraje, para enfrentarse a las columnas de la muerte de nuestro tiempo que son el relativismo, el indiferentismo y el desprecio de Dios? Como vuestro paisano Fray Gabriel, estamos llamados hoy a dar testimonio, es decir, ¡al martirio! Sangre de mártires corre por nuestras venas, debemos ser fieles. Cuando se trata de Dios no hay otro compromiso, ¡el honor de Dios no se disputa!

    Solamente el amor generoso, el don desinteresado de la propia vida por Dios y los hombres, puede vencer el odio que es la raíz de todo mal. ¡Solo el amor puede vencer el poder de la muerte!

    Quizá no estemos llamados al martirio, pero sí a la entrega de la vida, aunque sea gota a gota, es decir, en el día a día, en el trabajo, en el estudio, en la familia, con los amigos…En todo momento la vida es para darla y gastarla… Y de eso en Sonseca sabéis mucho.

    En esta noche y para terminar, os pido que sigáis tallando la noble madera de vuestros corazones, sigáis tejiendo vuestro futuro con el ejemplo de los que os precedieron y de los que aprendisteis los valores que os caracterizan y sobre todo sigáis endulzando la vida de los demás con vuestra alegría, como conmigo lo hicisteis.

    Sonsecanos, con el ejemplo y la intercesión de fray Gabriel y con la ayuda de vuestra Madre, mi Madre de los Remedios…seguid haciendo camino. 

¡MUCHAS GRACIAS!

 

Share This